La Coctelera

Sensaciones sonoras

Melodías de ayer y de hoy, que pululan entre el pop más rabioso y melódico, el soul más emocionado y salvaje, el jazz más groovy e intimista, la bossa más elegante y la electrónica más placentera.
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Categoría: Los 90

1 Abril 2009

Es todo un arrebato de frescura pop, o rock o como quieras llamarlo. Es un aguijonazo en la columna vertebral de tus emociones. Un lamento indescriptible que se retuerce al compás de una guitarra endiablada, que se alborota sin previo aviso. Un encontronazo rotundo e inesperado con la belleza de lo más simple y directo. Una explosión melódica en el corazón del caos. Es la canción que ahora no se me va de la cabeza, y que te estaría tatareando 24 horas al día, 365 días al año. Son Teenage FanClub y su maravilloso What You do to me. ¿Porqué narices tardaría tanto en dedicaros más tiempo? Esto es una auténtica gozada, que irrumpió en las ondas en 1991 dentro de su LP Bandwagonesque. Simplemente, irresistible.

What you do to me...
I know, I can't believe
There's something about you
Got me down on my knees.

What you do to me...
I know, I can't believe
There's something about you
Got me down on my knees.

What you do to me...
What you do to me...
What you do to me...
What you do to me...


What you do to me...
I know, I can't believe
There's something about you
Got me down on my knees.

What you do to me...
I know, I can't believe
There's something about you
Got me down on my knees.

What you do to me...
What you do to me...
What you do to me...
What you do to me...

What you do to me...
What you do to me...
What you do to me...
What you do to me...

12 Marzo 2009

Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. A Mother Earth siempre los traté de lejos, con cierta distancia, a pesar de que grabaran para el sello británico Acid Jazz, un sello que seguía con cierta expectación a comienzos de los 90, gracias a los discos de la James Taylor Quartet y Corduroy, entre otros. Pero sin embargo, por una u otra razón nunca llegué a hincarle el diente a niguno de sus discos. Sabía que su sonido era potente, por alguna versión suya de los Small Faces, que había escuchado, y que no eran precisamente el típico grupo del sello, que se alineaba con aquella etiqueta de acid jazz, tan de moda por aquellos días. Y desde luego, lo que nunca pude imaginar es el impacto que me ocasionaría tantos años después esta pequeña maravilla que se titula The people tree. Amigos, ¡lo que me estaba perdiendo!

Sin duda, una pasión intensa aunque contenida desborda cada uno de los surcos de este disco, que parece la encrucijada perfecta entre el funk, el folk y el rock. Un encontronazo apoteósico entre los Small Faces, Traffic, Sly & The family Stone y Curtis Mayfield, donde los guitarrazos se retuercen sombreados por un envolvente, más que chirriante hammond, entre adictivos medios tiempos de contagioso ritmo funky, y voces apasionadas, que sin embargo dejan algún resquicio para sorprendernos con algunas espléndidos ejercicios de lastimoso soul de aires folkies, como las deliciosas Jesse, y Apple Green que son de lo mejor del disco. Aunque eso si, sin olvidarnos de esos espléndidos e intensos medios tiempos, que aunque parecen desarrollarse perezosamente mantienen una intensa pulsión emocional, como Institution man, The people tree, Time of Future, Saturation 70, Stardust bubblegum o la exagarada A trip Down Brian Lane con sus 11 minutos de requiebros funkies. Una inesperada joya musical, con apariciones estelares de Paul Weller, James Taylor y la maravillosa vocalista Shauna Green, donde no faltan, ni los acertados temas para bailar sin remisión, como Illusions, y Mr Freedom, y que podría ser el perfecto eslabón perdido entre otras dos maravillas de los 90 como son Wild Wood, de Paul Weller, y Moseley Shoals, de Ocean Colour Scene. Si queréis conocer más detalles sobre el grupo, su discografía, las letras del disco y un sinfín de cosas más, os recomiendo encarecidamente que os paséis por la web oficial del grupo preparada por Alan Bond. Sin duda, tras este maravilloso disco, una de mis prioridades hoy en día es seguir escuchando el resto de su discografía, que ya os adelanto, promete bastante.

Escucha Institution man

17 Septiembre 2008

No he podido resistir la tentación de dejaros esta maravillosa interprtación de Roberto Menescal y Wanda Sá, sobre uno de los meojres temas que Roberto Menescal fabricó en los 60, O Barquinho.Hasta ahora sólo había escuchado de esta canción una versión de chispeante hammond, que Walter Wanderley incluyó en su disco del 67, Batucada. Pero esta versión, grabada en 1991, a pelo y con la dulce y susurrante voz de Wanda Sá, creo que contiene todos esos delicados y sensuales matices sonoros que han hecho de la bossa uno de mis estilos favoritos.

Estos dos iconos de la bossa ya coincidieron en el 64, en el debut discográfico de Wanda Sá, el excelente Vagamente, del que ya hemos hablado por aquí, pero es un placer verles tantos años después, desgranar con tanta elegancia y estilo esta fantástica bossa.

demás, esta preciosa canción me sirve para añadir a Roberto Menescal y Wanda Sá a las estupendas recomendaciones, que Zamuro Zien nos hacía sobre Carlos Lyra, Edu Lobo y Marcos Valle en sus comentarios al post de Stan Getz y Joa Gilberto

11 Abril 2007

Un brote reluciente y deliciosamente amargo de azul eléctrica emoción es lo que transpiran las perfectas melodías de efervescente pop-rock, con ricas armonías vocales, que nos han dejado a lo largo de su extensa y excelente discografía el grupo mallorquín La Granja. Y sin duda, una de las mejores maneras de acercarse a ellos, si es que aún no lo habéis hecho, podría ser degustando este excelente recopilatorio, que hoy os presentamos en Sensaciones Sonoras: Los mejores productos de la Granja , que el sello DRO publicó en 1997 y que aborda sus 5 primeros discos, publicados entre 1987 y 1994.

La historia de La Granja comenzó allá por el 86, cuando los héroes de la famosa movida languidecían sin remisión en manos de las multinacionales, y nuevos aires guitarreros de cierto trasfondo garagero y rockero comenzaban a brotar en nuestro horizonte musical. Eran los tiempos aquellos en los que o eras de los del Louie Louie o de los otros. Y fue entonces cuando aparecieron grupos tan saludables e intensos como La Granja, Las Ruedas, La Frontera, Los Cafres, o incluso aquellos primerizos Ronaldos. Grupos todos ellos que parecían volver a reivindicar la frescura e inmediatez del pop-rock primerizo y sin artificios.
Días en los que en mi equipo comenzó a sonar con insistencia un trepidante y descarado ejercicio, de explosivo garage de reminiscencias sesenteras, que respondía al nombre de
Sufro por ti. ¡Cuántas veces habré cantado aquello de “Un metro cuarenta de busto, tus anchas caderas y esos labios carnosos….!

Sí, lo habéis adivinado, era la excelente carta de presentación de estos cuatro muchachos mallorquines que se hacían llamar La Granja . Guillermo Porcel (voz), Carlos Garau (bajo), Miguel Gibert (batería) y Kiko Riera (guitarra) comenzaban así una estupenda trayectoria que acabaría confirmándoles como uno de los grupos más excitantes de la escena pop rock española. Un reconocimiento que no les ha llegado, y que sin embargo merecen. Y no les llegó, quizás porque se quedaron en tierra de nadie cuando arrancó el fervor indie. ¿Por qué? Porque a pesar de
seguir haciendo, grandes LPs y buenísimas canciones herederas de la mejor tradición
beat, de por ejemplo nuestros queridos Brincos, no consiguieron llegar al gran público (algo casi normal por estos lares), ni a la escena independiente (y aquí me incluyo
yo también), ya que no pertenecían a la avalancha indie, no hacían
noise pop,cantaban en castellano y sonaban en las radiofórmulas. Un ejemplo más de cómo un gran grupo puede quedar relegado casi al ostracismo por modas y prejuicios.

Les gustaba y les gusta el pop de los 60, el beat, el garage, la psicodelia, el glam de los primeros 70, y la new wave de finales de esa misma década. Y con todo eso consiguieron conformar un sonido de guitarras muy particular, rico en certeras melodías
y pegadizos estribillos, aderezados con sugerentes letras, que se
mostraba arrogante e impetuoso en ocasiones, y tierno y emotivo en otras. Si, la vieja mezcla de pop y rock interpretada con magia y precisión.

Y en este disco hay muchos y variados ejemplos de lo dicho, ya que es una excelente recopilación de sus 5 primeros LPs: La Granja (1987), Soñando en tres colores (1988), Azul eléctrica emoción (1989), Deliciosamente amargo (1991) y Medicina Natural (1994), todos ellos publicados por DRO. Un disco que incluye pop acelerado de inclinación anfetamínica como la fantástica Chap Chap , intensos arrebatos de energía garagera comoSufro por ti y Vitamina D , vibrantes medios tiempos de guitarras cercanas a los Byrds como esas estupendas Los chicos quieren diversión o ¿Por quien doblan las campanas? , exquisito pop de guitarras cristalinas que enlaza con los mejores Brincos como esa fantásticas Persiguiendo una Luz e Y si al menos, arrogantes impulsos nuevaoleros al estilo de los Beat de Paul Collins como la excelente Angel de Mañana o la trepidante Cansado de escuchar, nostálgicas odas de trasfondo dylaniano como la maravillosa Fuimos chicos rebeldes , bellos pasajes acústicos de aroma beatle como Medicina Natural y hasta lisérgicas historias como la sideral Barbarella.

Un disco redondo que retrata una parte importante de la discografía de La Granja , que no acabaría aquí, ya que continuaría en el 2000 y 2004, al amparo de sello aragonés Grabaciones en el Mar, con otros dos impecables ejercicios del mejor pop rock, sus discos El efecto dominó (2000) y Tobogán (2004).

Nota: los fragmentos musicales están tomados de la página de La Granja de Last.fm

17 Febrero 2007

Que siento una gran debilidad por la escena acid jazz o nu jazz italiana, es algo que creo habréis podido descubrir, si os habéis dado alguna que otra vuelta por este rincón musical. Pues bien, hoy os traigo, uno de mis discos preferidos de esa escena, este Solaria de Bossa Nostra , publicado en 1996 por el sello boloñés Irma Records.
Un disco repleto de jazz imbuido de soul o de soul bajo estructuras de jazz, rebosante de grooves especiados con incisivos aromas brasileños, que se acercan al funk, enardeciendo el espíritu e invitándote a bailar, eso si, acompañados de algún que otro momento de suprema y sensual elegancia. Pero cuidado, no estáis ante un disco de nu jazz o acid jazz aderezado de bases y ritmos electrónicos. No. Bossa Nostra, en este maravilloso Solaria nos entregan un colorista muestrario de aquel clásico sonido, que fusionaba jazz, soul, funk con sonidos latinos y brasileños, y que devolvió al jazz a las pistas de baile a finales de los 60 y primeros 70.

Solaria es un disco eminentemente instrumental, donde también deslumbran sus dos temas vocales, Message from a Soul Sisters y Home is where the hatred is, dos exuberantes retazos de aquel soul de profundas raíces negras, sentido y sudoroso, con inclinaciones funk, que son dos auténticas demostraciones del poderío vocal de Maysa Leak, integrante de Incógnito e invitada de lujo en este disco (otra de las buenas bandas de la escena acid jazz), así comodel poderío rítmico e instrumental de Bossa Nostra, formados por Adriano Molinari a la bateria, Vincenzo Muré en el piano y teclados, Luigi Storchi con el saxo, Massimo Mussini a la guitarra y Stefano Carrara con el bajo y teclados.

Pero bueno, si sus temas vocales son excepcionales, ¿qué podemos decir de sus sinuosos, vibrantes y cálidos instrumentales? Bien, si empezamos por su lado más groovie, mezcla de jazz-soul y funk, ahí tenemos esa maravilla titulada Faces, que abre de forma majestuosa el disco con un ritmo entrecortado y punzante, sobre el que cabalga una serpenteante melodía, dibujada por un espléndido piano eléctrico y un tórrido y abrasivo saxo, ingredientes que vuelven a aparecer de forma brillante en ese intenso medio tiempo titulado Groupin’, donde además la guitarra de Massimo Mussini, aporta si cabe una mayor calidez al tema.

Bien. Vale. Hasta aquí hemos hablado de jazz, funk, y soul, interpretados con mucha convicción y frescura, pero ¿que hay de esos toques latinos y brasileños de los que hablábamos al principio? No desesperéis, ahora vienen, ya que forman parte de lo mejor del disco. Cálidos temas, recubiertos por el sensual aroma de la bossa y el trepidante ritmo de la samba. Y como muestra ahí está esa jugosa versión del clásico de Marcos Valle, Crickets Sing for Anamaria, vital, soleada e impetuosa, al igual que las maravillosas Solaria que da título al disco, y Kontaminazione II, con sus trepidantes y saltarines pianos, adornados por esos tórridos saxos, que parecen simular el poder del arrogante sol playero. Y para acabar este rápido repaso del disco, no nos podemos olvidar de sus momentos más suaves y sensuales. Blooming es una delicada y acústica joya, donde la guitarra de Massimo Mussini vuelve a mostrarnos toda su capacidad emotiva, en su precioso dueto con el saxo de Luigi Storchi. Un tema sugerente y perezoso, ideal para perderte en la profundidad de una hamaca, mientras la brisa mece tus pensamientos. Y algo más tórrido, latino y menos perezoso, aunque igual de sugerente es ese bocado de sensualidad que se titula Scream, donde piano y saxo construyen un efusivo diálogo en la línea de los mejores temas de Gato Barbieri.

Un disco excelente que tuvo continuidad en 1999 con el segundo disco de la banda titulado, Kharmalion, menos instrumental y algo más pop, del que seguro que hablaremos otro día por aquí. Desgraciadamente tras ese segundo disco no hemos vuelto a tener noticias de ellos. A continuación os dejo dos de los temas del disco para que juzguéis por vosotros mismos

Faces

Solaria

17 Noviembre 2006

Lounge, chill out,y down tempo son algunas de las denominaciones de origen utilizadas en la música electrónica, con las que más nos gusta interactuar por aquí en Sensaciones sonoras. Sonidos nebulosos de estructuras repetitivas y minimalistas, muy bajos de revoluciones, que sugieren vaporosas escenas cargadas de una intensa sensualidad, exotismo, o misterio. Elegantes ritmos sintéticos tamizados en ocasiones por una voluptuosa calidez analógica, que refuerza el lado mundano de estos acordes, ideales para el escapismo. Música para el descanso, la pereza, el deleite y el goce.

Y eso es lo que encontrareis en este recopilatorio titulado Lounge Deluxe vol 1, ensamblado por el DJ y productor belga, residente en Ámsterdam, Monte La Rue ,que fue editado en 1999 por el sello Cinq Etoiles y que me tiene completamente embriagado en las últimas semanas.

Es curioso, pero si nos fiamos de la definición que la Wikipedia hispana da sobre la música Lounge, variación del House que se diferencia del chillout principalmente en que el lounge es sobre todo bailable y está compuesto con sucesiones armónicas de jazz, casi me atrevería a decir que este no es un disco de Lounge, a pesar de su título, sino más bien de Chill Out o down tempo, ya que con total seguridad Lounge deluxe no es un disco para la pista de baile. Es un disco intimista y algo espiritual, ideal para abstraerte de la cotidianeidad más rutinaria, y entregarte a la irrealidad más placentera en una sofisticada cuarta dimensión.

Monte La Rue se presenta con este disco como un DJ de exquisito tacto y refinado gusto musical, en el que tendremos que profundizar un poco más, ya que tras el éxito de este disco y según se indica en su página web, se convirtió en un reputado dj, que ha lanzado hasta nuestros días un buen puñado de interesantes recopilatorios, que pululan alrededor del lounge, el chill out y el nu-jazz

El disco se abre con un edulcorado pasaje instrumental a cargo de Monte La Rue, que sirve de introducción a uno de mis temas favoritos del disco, The Elis Affair, a cargo de Thievery Corporation. Un tema vocal, sinuoso, con cierta tensión, de atmósferas misteriosas muy cinematográficas, que se mantienen a lo largo de los siguientes temas protagonizados por Normal Feller (Retrospective) y United Future Organization (His name is..). Una atmósfera que empieza a cargarse de sensualidad con Morocan de The Outernationalists, y a rodearse de exotismo detectivesco con The Sensual Woman de los londinenses The Herbaliser o con Slaapwagen de Waldeck. Un disco que sube algo de revoluciones, ya casi al final con el contagioso ritmo de J. Boogies Dubtronic Science y su Ocean Lullaby y con ese tema de funk-soul atemperado, de Chris Stranding, titulado The Beautiful Woman of Scan Virtue.
Hacía tiempo que no nos acercábamos a estos sonidos, pero el disco de hoy es una espléndida manera de retomar la senda de eso que llamamos electrónica relajada.

Si estáis interesados en saber como suenan estos temas, podéis escucharlos en el siguiente enlace de la página web del sello Cinq Etoiles

Nota: las fotos están tomadas de la wen de Monte La Rue

4 Septiembre 2006

No lo puedo evitar. Pasan las semanas y sigo enganchado a este disco. Un disco del 1995 que recuperé al comienzo de este verano, y que como decía semanas atrás constituye un enorme monumento al mejor pop rock de todos los tiempos, lleno de melodías insuperables, memorables armonías vocales y emocionantes guitarrazos. Si amigos, hablamos de Grand Prix, el que fuera quinto disco en la carrera de los escoceses Teenage Fanclub.

Y es que en Grand Prix, el pop de guitarras muestra todo su poderío y efectividad, esa contundencia e inmediatez con la que te atrapan esas sencillas y vitales melodías de tres minutos, cuando se hacen con el corazón y se interpretan con elocuencia y precisión. Música vital, intensa, emocional, de esa que te toca la fibra sensible. Medios tiempos ensoñadores, acelerados pildorazos pop, de rotundo desparrame guitarrero, preciosas armonías vocales y coros desmadrados repletos de uoooossss. Música hecha por músicos que creen en lo que hacen, y que plasman en sus canciones sin ningún complejo el aroma inconfundible de la música que mamaron: Byrds, Beatles, Beach Boys, Badfinger, Big Star. Porque lo que importa son las canciones, la capacidad de hacer grandes canciones. Y Teenage Fanclub a lo largo de los años han demostrado que de eso saben un rato, a pesar de la crítica inglesa y del escaso apoyo de los medios, que consiguieron que discos como éste, quedaran en un inexplicable segundo plano dentro del estallido musical, que en aquellos años se estaba volviendo a producir en las islas británicas. Por eso, si eres de los que degustan música de guitarras, y te perdiste este disco en su momento, no pierdas un segundo y vete a por él.

El comienzo es arrollador. Un tremendo y desgarrado medio tiempo, con una rotunda melodía, About You, de insistentes y repetitivas guitarras (aquí me recuerdan algo a los Who e incluso a los Small Faces), arropadas por unas armonías vocales perfectas, en la línea de los Byrds, a la que sigue un auténtico pildorazo pop de emocionantes guitarrazos, y soleadas armonías vocales al estilo de los Beach Boys, Sparky’s dream que pone literalmente la piel de gallina. Dos canciones, que conseguirán que te adentres fácilmente en la propuesta sonora de este disco, que te seguirá emocionando con perfectos medios tiempos de melodías arrebatadoras, grandes armonías vocales y descarnadas guitarras como Don’t Look Back, Neil Jung, I’ll Make it Clear, Say No, y Going Places, que deberían formar parte de la imaginería del mejor pop rock de la época junto a ese otro pegadizo y acelerado pelotazo de bubblegum acorazado que es la fantástica Discolite, o esa otra tierna melodía dominada por esos sencillos acordes de piano que es Tears.

Teenage Fanclub nos entregaron un disco redondo que enamora de principio a fin, y que finaliza con esa curiosidad que es Hardcore,ballad, 1minuto 49 segundos repartidos entre un trepidante y ruidoso comienzo y una tierna y bella balada. Lo dicho, un disco para disfrutar que no deberías perderte.

16 Abril 2006

¿Te apetece sumergirte en un inesperado y calidoscópico universo de psicodelia naif, y compartir experiencias fugaces y multicolores con tortugas siderales sin caparazón, mientras saboreas setas de caramelo y limón, en compañía de un chico serio y formal que describe con pasión y admiración, las alucinantes aventuras del asombroso niño mosca y sus fantásticos valedores, el hombre de miel y la poderosa reina de corazones?

Sí, pues entonces sólo tienes que dejarte llevar por las sorprendentes melodías que brotan de este alucinante disco, titulado “En el País del niño mosca”, que unos verdaderos artesanos del pop de los 60, llamados los Imposibles sacaron a luz, casi de forma inopinada a mediados del 90, y más concretamente en 1995. Si señor, Los Imposibles, la excelente banda madrileña de Paco Poza, Gonzalo Lagarto y Javier Palomo, se marcaron su momento más alucinógeno y al mismo tiempo lúcido, con este colorido disco que no tiene parangón dentro de la discografía hispana, si exceptuamos el fantástico Picnic Caleidoscópico de los Negativos.
En el país del niño mosca, es un disco de florida psicodelia pop, fresco, excitante, vital, alegre y naif, como pocos se han hecho por aquí. Un disco de preciosas melodías, con bonitas y pegadizas armonías vocales, lleno de cuidados arreglos que amplifican el poderío de sus acordes. Un disco repleto de inofensiva pero atractiva fantasía psicodélica , algo azucarado pero sin llegar a ser empalagoso que encima está realizado en castellano. Casi nada. El disco que quizás los Brincos no se atrevieron a realizar en los 60, y que curiosamente casi como si de un fenómeno paranormal se tratara, Los Imposibles sacaron a luz 30 años después del reinado de los Brincos.

El disco contiene nueve canciones de irreales y surreales emociones que no tienen desperdicio y que a continuación desglosamos:

- Listo y preparado: PSICODELIA POP con mayúsculas, muy, muy beatle. Una melodía redonda, y grandes armonías vocales, acompañadas de un chelo que le da un aire majestuoso a esta perfecta píldora pop. Tengo un secreto....., dice la canción y sin duda tienen el secreto de la perfecta sintonía pop.

- Un chico serio y formal: otra joya del sonido del pop de los 60, esta vez bajo el exquisito patrón de los Kinks más irónicos y mordaces de mediados de los 60.

- Todos querian hablar: otra vez los Beatles, clásica y bonita balada con piano, ampulosas cuerdas y grandes armonías vocales, que salvando las distancias, parece parida por el mismísimo Mccartney.

- Ella es azul: a bailar y saltar, pildorazo pop, donde priman las guitarras y un estribillo adherente como el sólo. El espíritu de unos Brincos psicodélicos hace su aparición en el disco. Un tema redondo de esos que te tiras unos cuantos días tatareando sin parar.

- Mis amigos: curioso, pero en mitad de todo este despliegue psicodélico, se coló no sabemos muy bien cómo, esta bonita bosanova de letra algo tonta. Una preciosa melodía a cargo de una simple y emotiva guitarra, muy bien orquestada.

- En el jardín: más psicodelia pop al estilo de los Beatles. Bonitas guitarras, acompañadas de un delicado órgano susurrante con una imaginativa letra. Pura psicodelia.

- El hombre de miel: un poco de vodevil y cabaret para animar y alegrar el sonido del disco. Vientos casi jazzys, acompañados de un juguetón piano, para otra bonita melodía que nos presenta a uno de los protagonistas más emblemáticos del disco, nuestro querido hombre de miel.

- El niño mosca: vuelve la psicodelia pop con este tema de estructura similar al Sgt Peppers de los Beatles. Melodía pegadiza acompañada de una orquestación majestuosa con cuerdas y vientos. Auténtica imaginería pop de los 60. Y ya sabéis, ¡¡ rodará la cabeza del culpable!!

- Epílogo: Saltarina, juguetona, teatral e imaginativa despedida pop, con aplausos del respetable.

Algunos podrán decir que lo de los Imposibles fue un mero ejercicio de mimetismo psicodélico realizado por admiradores de la época. Desde mi punto de vista, fue algo más, utilizaron parte de la imaginería pop de aquella época para ofrecernos 30 años después, un divertido e imaginativo disco de psicodelia pop en castellano, con el que refrescar la escena musical de aquel momento...Como decían en su Epílogo del disco: Míralo así, pásalo muy bien y que lo que digan te dé igual.

Nota: con este maravilloso disco iniciamos una nueva categoría en Sensaciones Sonoras: Los 90

Sobre Sensaciones sonoras

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